Orden político y orden deportivo

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Para hacer frente a la complejidad de los diversos objetos de estudio abordados, nos pareció esencial adaptar los enfoques teóricos y metodológicos. Para analizar las relaciones de poder y hacia el poder en el universo del deporte, los análisis desarrollados se apoyan sobre la noción de orden (Chevallier, 1983) designándolo como “orden deportivo”, o “futbolístico” para usos más específicos. Esta noción evoca la existencia de una estrecha relación entre las propiedades de un universo de los deportes, sociológicamente caracterizado por especialistas de las actividades que tienen lugar, y de la regulación de este espacio por un conjunto de instituciones, de prácticas y de ideas donde la agencialización (más o menos estabilizada) constituye su particularidad. La idea de orden traduce esta relación ya que evoca el conjunto de normas procedentes de los principios de esencia social que tienen como objetivo asegurar un modus vivendi suficientemente estable para promover el desarrollo de las actividades deportivas. Nuestros trabajos se esfuerzan en entender la estabilidad y la inestabilidad de este orden en relación con las configuraciones históricas en las cuales está anclado. Por consiguiente, nuestra estudio adopta un enfoque socio-histórico de la política (Noiriel, 2006; Buton &Mariot, 2009) que cualifica los actos por los contextos de su realización y que busca las redes de relaciones y de las alianzas que permiten comprender la estructura de este universo. Este socio-historia de las políticas y de los poderes deportivos se hizo posible gracias a un trabajo de restauración de un pasado a veces muy cercano, tomando apoyo sobre dos tipos de materiales: la memoria de los actores y los medios de la época, que ofrecen una primera fuente de reseñas, pero también los documentos de trabajo de autoridades administrativas y políticas que ofrecen las fuentes históricas más ricas y sólidas.

Socio-historia de las políticas deportivas


Inscrita en una perspectiva de socio-historia de la política, esta temática de investigación pretende desarrollar trabajos que traten sobre las relaciones con el poder y la política que se entablan entre instituciones deportivas y actores de los mundos del deporte. Las preocupaciones por la génesis de las plasmaciones político-administrativas se pueden observar en los estudios sobre el dopaje desarrollados en el seno del grupo “Ciencias sociales & dopaje”. Las categorías de intervención pública han constituido una de las líneas de análisis en estos trabajos: categorías de cuestiones o de problemas sociales, categorías que designan grupos, categorías de medios de acción (Le Noé, 2000). Al privilegiar las génesis como momentos de estudio, el análisis se vincula a los pliegues históricos donde se “inventan” o reacondicionan las nociones utilizadas para la aprehensión y la evaluación del estado del sujeto designado para ser administrado. El interés de estos momentos proviene de la posibilidad que ofrecen de estudiar la formación de los espacios de acción y de debate público, arenas en las que diversos grupos, entre los cuales los agentes del Estado, se reúnen alrededor de una cuestión instituida en interés político (Le Noé, 2005).

Esta atención se concentra sobre uno de los móviles dialécticos de intervención del Estado: órdenes y desórdenes. Al trabajar sobre el Estado y sus políticas, se nos conduce a señalar los desórdenes que intentan controlar las autoridades públicas definiendo “razones deportivas” en nombre de las cuales intervienen para arreglar la situación o al menos gestionarla.
Se trata pues de analizar cómo, según las configuraciones históricas, una gama variada de actores públicos, de grupos sociales y de instituciones contribuyen a difundir una cierta concepción de la práctica deportiva que la pone al servicio del mantenimiento, de la consolidación, o a veces también del orden político. Para ello, hay que vincular el estudio a las “razones deportivas” del Estado, es decir, a las formas de justificación y de apropiación de las actividades deportivas. Al deporte puesto al servicio de un proyecto pedagógico, al deporte adornado con atributos de la tradición para hacer de ella un factor de orden social, al deporte sometido a perspectivas diplomáticas (Defrance, Chamot, 2008) se opone el deporte como modo de subversión del orden político, como cuando los movimientos de extrema derecha intentaron instrumentalizarla en el periodo entreguerras en Francia (Mendiague, 2007) o los colonizados del Imperio hicieron de ella un instrumento para “rodear” la administración y las normas culturales. Tampoco el evento deportivo, concebido como un medio para unificar una nación alrededor de un régimen frágil, abre una oportunidad de movilización y de contestación internacional de ese mismo régimen.
Trabajar sobre estas “razones deportivas” del Estado significa también preguntarse sobre la difusión y la perennidad de estas concepciones. ¿Cómo y en qué condiciones se transmiten estos registros de justificación? ¿Cómo atraviesan la historia y las fronteras? ¿Cómo se podría rendir cuenta de la manera en la que un emprendedor político se inscribe o no en una tradición, moviliza o no, reactiva o no, traduce o no sus representaciones?
Por último, se trata también de reinterrogar algunas hipótesis de Elias (1986) sobre el desarrollo de las prácticas y de los espectáculos deportivos. ¿En qué medida el deporte podría ser considerado como una de las expresiones y uno de los lugares de construcción de la pacificación de las relaciones sociales y políticas? ¿En qué medida, al contrario, algunas de sus características (el carácter brutal y binario del resultado, su propensión a cristalizar identidades...) no contribuyen a convertirlo en catalizador de efectos más ambivalentes?
Este cuestionamiento implica mostrar cómo estos registros de justificación de las intervenciones del Estado y sus corolarias prácticas pueden constituirse, abrirse camino, apagarse o reactivarse según las diferentes configuraciones en las que se inscriben. Se necesita por lo tanto subrayar cómo las concepciones en sí han sido a veces retrabajadas por otros actores. De esta manera, nuestros análisis expresan la existencia de una gran complejidad entre el trabajo del Estado y las formas de desorden que induce al intentar gestionarlas.

Deporte, politización y despolitización


Este enfoque también ha sido utilizado en un conjunto de trabajos con cierta profundidad histórica sobre los temas de la politización y despolitización producidas alrededor de la organización de eventos deportivos (Contamin & Le Noé, 2010,2011) o de políticas públicas (Le Noé, 2002; Tésis en curso de Sébastien Joubert). Los estudios puestos en marcha están siendo prolongados por un análisis sobre las relaciones de poder en el deporte de alto nivel según el tríptico “Exit, voice and loyalty” (Hirschman, 1970). Buscan reinterrogar este tríptico, particularmente el tercer término, a menudo olvidado (Lehingue, 2011), a partir de distintos terrenos que se han trabajado en investigaciones llevadas a cabo. El universo deportivo, particularmente el de alto nivel, se presenta a menudo como un universo poco politizado en el cual dominaría una forma de lealtad a las reglas específicas. Esta característica hace de este terreno un terreno propicio para hacer trabajar y trabajar el modelo propuesto por Albert O. Hirschman. Para ello, el trabajo pretende documentar la aceptación del término “lealtad”, dándole una consistencia social, mediante la interrogación de la diversidad de significados, tanto de la lealtad en el universo del deporte de alto nivel como de las formas de su incorporación. El estudio del funcionamiento concreto de la institución deportiva resalta los efectos de los mecanismos de ritualización de la dominación que permite interrogar la sociología interaccionista (Goffman, 1961). La prosecución de este trabajo debe permitir mostrar cómo la institución es incorporada por los deportistas de alto nivel en su proceso de conversión y después reconversión, en una carrera atlética, en términos de su recorrido que integra encantamiento, confinamiento y desencantamiento. Las investigaciones llevadas a cabo señalan el rol esencial que juega la organización del tiempo en este trabajo de aculturación de los atletas a las reglas de sujeción deportiva. A pesar de la construcción de estas predisposiciones a la lealtad, el medio deportivo no es reductible al mutismo ni al inmovilismo: las “tomas de palabra” o “intervenciones” y las “salidas” se producen igualmente, pero bajo formas particulares (expresión de una voz horizontal, deserción ruidosa). La confrontación de las variadas situaciones podría desembocar sobre una modelización de las formas de (des)politización de este medio tomando como referencia una combinación entre las tres nociones de la trilogía de Hirschman. Las investigaciones empíricas se apoyan sobre terrenos que conciernen a las disciplinas deportivas diversificadas, trabajadas estos últimos años: la tentativa de boicot de la Copa del mundo de fútbol de 1978 en Argentina, las condiciones de vida cotidiana en los dispositivos que organizan el control de excelencia deportiva (por ejemplo los centros de alto rendimiento), los desórdenes de seguidores de los equipos deportivos (Le Noé, 1998, 2001, 2004) o incluso las relaciones de los monopolios federales con la administración del Estado (Le Noé, 2007).
Hablando de manera más general, el objetivo de esta reflexión sobre los fundamentos del orden deportivo es doble. Por un lado, se trata de aclarar el lugar y la especificidad del componente afectivo en las relaciones de poder en este terreno. ¿En qué medida una relación como puede ser la de confianza forma un mecanismo de poder en este espacio?
Por otro lado, se trata de participar en una discusión sobre los modos de articulación entre formas de (des)politización y los marcos institucionalizados de la acción pública.

Mis à jour le 26 février 2015